Fe y misterio piden baja velocidad


Hola, gracias por estar aquí, gracias por dedicar unos minutos a leer este blog y a seguir educando tu mirada conmigo.

Hay decisiones técnicas que cambian una fotografía.

Y luego hay decisiones que cambian lo que la fotografía transmite.

Esta es una de ellas.


Congelar… o dejar que ocurra

En fotografía estamos acostumbrados a esto:

  • subir velocidad
  • congelar el movimiento
  • buscar nitidez

Todo limpio.

Todo correcto.

Todo… previsible.

Pero ¿qué pasa si hacemos lo contrario?





Bajar la velocidad y aceptar el movimiento

Durante la Semana Santa en Samper de Calanda decidí probar algo distinto.

En interiores.

Con poca luz.

En lugar de subir ISO y forzar la nitidez…

bajé la velocidad.

  • 1/8
  • 1/15
  • movimiento sutil al disparar

Y entonces ocurrió.




Cuando la imagen deja de ser literal

El resultado no es una foto “perfecta”.

Es otra cosa.

  • formas que se deshacen
  • rostros que se transforman
  • figuras que parecen moverse

Y en el contexto de la iconografía cristiana…

eso tiene un peso brutal.




Santos que ya no parecen santos

Las imágenes de vírgenes, santos o pasos procesionales…

con baja velocidad…

cambian completamente.

A veces se vuelven:

  • inquietantes
  • densas
  • casi fantasmales

Incluso pueden resultar incómodas.

Y eso es interesante.

Porque te obliga a mirar dos veces.









Blanco y negro para simplificar

Todo esto lo trabajé con la Ricoh GR IIIx y su preset High Contrast Black and White.

Esto hace dos cosas:

  • elimina distracciones
  • potencia el contraste y la forma

Y te deja solo con lo importante:

luz y emoción.




La Iglesia de San Salvador: un escenario perfecto

Gran parte de estas imágenes están hechas en la iglesia de San Salvador de Samper de Calanda.

Una iglesia enorme.

Desproporcionada para el tamaño del pueblo.

Con historia.

Con peso.

Un espacio que ya de por sí impone.

Y que con este tipo de fotografía…

se transforma aún más.




La liturgia como experiencia visual

No todo fue baja velocidad, también hubo anécdotas.

Otro momento clave fue en la capilla pequeña.

Una misa más íntima.

Presidida por don Néstor.

Al que, con todo el respeto, ya conocemos como:

Néstor el ceremonioso.



La otra cara: la delicadeza

Después de todo ese contraste…

llega algo distinto.

En la sacristía, Néstor nos enseñó una talla de la Virgen con el Niño.

Y aquí nos alejamos de la baja velocidad y nos volvemos realistas.




Cuando la imagen transmite calma

Esta figura no imponía.

No inquietaba.

Transmitía:

  • delicadeza
  • ternura
  • serenidad

Las facciones suaves.

Pequeñas.

Humanas.

Una imagen completamente distinta a las anteriores.


Historia dentro de la historia

En esa misma sacristía hay otro detalle brutal.

Cuatro frescos.

Uno en cada pechina.

Según nos comentó Néstor, y confirmó después el historiador Alejandro Abadía París…

podrían ser obra del maestro de Goya:

José Luzán.





Lo que tenemos… y no vemos

Si esto se confirma…

estaríamos hablando de un patrimonio enorme.

Pero incluso sin confirmarlo…

el valor ya está ahí.


Reflexión final

La técnica no es solo técnica.

Es lenguaje.

Bajar la velocidad no es un error.

Es una decisión.

Una forma de ver.

Una forma de interpretar.

En este caso…

de transformar lo religioso en algo casi abstracto.

De mostrar que una imagen no solo representa…

también sugiere.

Y sobre todo…

de recordarnos que hay lugares, objetos y tradiciones que tienen más profundidad de la que vemos a simple vista.

Solo hace falta mirarlos de otra manera.


Preguntas que suelen surgir sobre esta experiencia

¿La baja velocidad es solo para poca luz?

No.
Pero en poca luz es donde más sentido cobra.


¿El desenfoque resta calidad?

No.
Puede añadir significado.


¿Cuándo usar este recurso?

Cuando quieras transmitir más que mostrar.


Gracias por leer.
Sigue fotografiando. Sigue practicando. Sigue observando.

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