La luz manda, el ego sobra
En fotografía callejera es fácil caer en una trampa. La trampa de la foto perfecta. Buscamos la composición impecable. La luz ideal. El momento exacto. Y, si además publicamos en redes, aparece otra presión más. Hacer fotos que gusten. Fotos que funcionen en Instagram. Fotos que el algoritmo quiera enseñar. El problema es que cuando haces fotos solo para gustar, algo se pierde por el camino. La personalidad. El peligro de fotografiar para el algoritmo Las redes premian lo que ya funciona. Por eso muchas cuentas de fotografía acaban pareciéndose entre sí. Mismos colores. Mismos encuadres. Mismo tipo de escenas. Todo es limpio, perfecto y reconocible. Pero también es previsible. Cuando un fotógrafo se preocupa demasiado por agradar, empieza a repetir fórmulas que ya han demostrado que funcionan. Y en ese momento deja de explorar. La fotografía se vuelve homogénea. No siempre hay condiciones perfectas La realidad es mucho menos ordenada que Instagram. No siempre hay sol duro. No siempre ...