Teruel no es Berlín (y eso es una ventaja)

Hola, gracias por estar aquí y por seguir dedicando tiempo a mirar mejor.

Cuando se habla de fotografía callejera, muchas veces aparecen siempre las mismas ciudades.


Nueva York.

Tokio.

Londres.

Berlín.


Lugares llenos de gente, movimiento y estímulos visuales.


Ciudades donde las escenas parecen aparecer constantemente.


Teruel no es así.


Y, curiosamente, eso puede ser una ventaja.


Menos gente, más precisión


En una gran ciudad el flujo de personas es constante.


La calle está llena de situaciones.


En Teruel todo ocurre a otro ritmo.


Hay menos gente.

Las escenas son más escasas.

Los momentos aparecen con menos frecuencia.


Eso obliga a trabajar de otra manera.


Hay que observar más.


Elegir mejor los encuadres.


Esperar con más paciencia.


Cada fotografía requiere más intención.




Menos estímulos, más mirada


Las grandes ciudades están llenas de estímulos visuales.


Carteles.

Arquitectura espectacular.

Reflejos.

Multitudes.


A veces hay tanto que mirar que resulta difícil concentrarse.


En una ciudad más pequeña el entorno es más tranquilo.


Eso permite prestar atención a cosas más sutiles.


Un gesto.

Una silueta.

Una relación entre una persona y un espacio.


La fotografía se vuelve más observadora.


Más silenciosa.




Menos caos, más intención


En ciudades grandes muchas escenas se repiten.


El mismo tipo de fotografía aparece una y otra vez en redes.


Personas cruzando pasos de cebra.

Sombras muy marcadas entre rascacielos.

Composiciones muy espectaculares.


Ese tipo de fotografía funciona muy bien en lugares con arquitectura potente y mucho movimiento.


Teruel es diferente.


Aquí no hay grandes avenidas llenas de gente ni edificios gigantes que proyecten sombras dramáticas.


La ciudad exige otra forma de fotografiar.



Una fotografía más honesta


En lugares con menos estímulos visuales es más difícil repetir fórmulas.


No puedes confiar tanto en el escenario.


La fotografía depende más del ojo del fotógrafo.


Por eso el resultado suele ser más personal.


Más honesto.


Más cercano a una fotografía callejera instintiva, casi cruda, en la línea del trabajo de Daido Moriyama.


Una fotografía que no busca tanto el espectáculo.


Busca el momento.



Cada lugar tiene su lenguaje


Eso no significa que en Teruel no haya variedad.


La ciudad cambia mucho según la hora del día y del tiempo.


La luz transforma las calles.


Los barrios tienen ritmos distintos.


Y las oportunidades aparecen donde menos lo esperas.


Pero hay algo claro.


La ciudad no se impone al fotógrafo.


Aquí la mirada tiene que trabajar más.


Y quizá por eso la fotografía que nace en lugares así suele ser más directa, más sincera y más personal.


Porque cuando el escenario no hace el trabajo por ti, solo queda una cosa.


Mirar mejor.


Sigue fotografiando. Aunque solo tengas cinco segundos.


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