Te enseño mi sistema completo para que las fotos no se queden olvidadas en el móvil.
Hola, gracias por estar aquí, gracias por dedicar unos minutos a leer este blog y a seguir educando tu mirada conmigo.
Una de las preguntas que más me hacen es esta:
"¿Qué haces con todas las fotos que haces?"
No tanto cómo las hago, sino qué ocurre después.
Cómo las organizo.
Cómo las selecciono.
Cómo consigo no acabar con decenas de miles de imágenes olvidadas en un disco duro.
La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece.
Y creo que precisamente esa sencillez es la que me permite seguir disfrutando de la fotografía sin sentir que tengo un trabajo pendiente cada vez que vuelvo a casa.
La fotografía no termina cuando disparas
Hacer una fotografía es solo el principio.
Después llega una parte igual de importante:
- seleccionar
- ordenar
- guardar
- publicar
- imprimir
Si no haces este proceso, con el tiempo acabarás acumulando miles de fotografías que nunca volverás a mirar.
Y eso convierte la fotografía en almacenamiento.
No en memoria.
El móvil también puede ser una gran cámara
Muchas veces salgo únicamente con el teléfono móvil.
No porque sea mejor que una cámara.
Sino porque siempre lo llevo encima.
Cuando quiero fotografiar sin pensar demasiado utilizo una aplicación como Provoke App, que ya genera el blanco y negro con el aspecto que busco.
Eso significa que cuando disparo prácticamente la fotografía ya está terminada.
No tengo que pasar horas editando después.
Mi objetivo no es producir archivos perfectos.
Es construir un diario visual.
El primer filtro: seleccionar
Después del paseo entro en la carpeta donde se han guardado todas las fotografías.
Las reviso tranquilamente.
Y únicamente marco con un corazón aquellas imágenes que realmente me dicen algo.
No pienso demasiado.
Simplemente pregunto:
¿Esta fotografía merece formar parte de mi archivo?
Nada más.
Si de una salida hago noventa fotografías, quizá solo guarde veinte.
Y está bien.
Seleccionar también es fotografiar.
Menos fotografías. Más significado.
Vivimos obsesionados con acumular.
Miles de fotografías.
Miles de vídeos.
Miles de archivos.
Pero la memoria no funciona así.
Recordamos muy pocas imágenes.
Precisamente las importantes.
Por eso intento quedarme únicamente con aquellas fotografías que realmente cuentan algo de ese día.
No necesito guardar cien fotografías parecidas.
Prefiero conservar diez que realmente tengan sentido para mí.
Mi blog es mi cuaderno visual
Las mejores fotografías no se quedan escondidas en el teléfono.
Las publico en mi blog 15 Minutos de Luz.
Cada entrada lleva únicamente la fecha y el lugar.
Nada más.
Es una especie de diario.
Una bitácora visual donde puedo volver dentro de unos años y recordar exactamente cómo veía el mundo en ese momento.
Además tiene otra ventaja.
El contenido es mío.
No depende de algoritmos.
No desaparece porque una red social cambie sus normas.
Instagram es solo una ventana
También publico en Instagram.
Pero de una forma muy sencilla.
Una fotografía al día.
Sin presión.
Sin perseguir el algoritmo.
Sin intentar gustar a todo el mundo.
Instagram es simplemente una ventana para compartir parte del camino.
Mi archivo verdadero está en otro sitio.
Una copia de seguridad sencilla
Después guardo las fotografías favoritas en Google Drive.
Mi sistema es muy simple.
Cada año tiene su carpeta.
Dentro del año creo una carpeta para cada mes.
Y dentro del mes una carpeta para cada salida o cada día.
No necesito un sistema complicado.
Necesito uno que pueda mantener durante muchos años.
Porque un archivo solo sirve si eres capaz de seguir utilizándolo.
Después llega el papel
Aquí ocurre algo curioso.
La fotografía cambia completamente cuando deja la pantalla.
Muchas veces imprimo varias fotografías en una sola hoja utilizando una impresora láser.
Es barato.
Es rápido.
Y tener las imágenes entre las manos hace que las mires de otra manera.
Cuando quiero preparar algo más especial hago un pequeño fotolibro.
No busco lujo.
No busco el mejor papel del mercado.
Busco construir memoria.
Para mí un fotolibro no es un objeto de colección.
Es un diario.
Un capítulo de mi vida.
Un proceso pensado para durar
Todo este sistema puede parecer largo cuando lo explico.
Pero en realidad es muy sencillo.
El proceso siempre es el mismo:
- salir a fotografiar
- seleccionar
- guardar
- publicar
- archivar
- imprimir cuando tenga sentido
Nada más.
No necesito pasar horas delante del ordenador.
Prefiero pasar ese tiempo caminando.
Porque las mejores fotografías todavía están ahí fuera.
Esperando.
La fotografía como memoria, no como acumulación
Con los años me he dado cuenta de que no quiero coleccionar fotografías.
Quiero coleccionar momentos.
No hago fotografías para llenar discos duros.
Las hago para recordar cómo veía el mundo.
Cómo cambiaba la luz.
Qué me llamaba la atención.
Quién era yo en ese instante.
Cada fotografía es un pequeño fragmento de vida.
Y cuando juntas cientos de esos fragmentos aparece algo mucho más importante que una colección de imágenes.
Aparece tu propia mirada.
Por eso siempre insisto en la misma idea: haz muchas fotografías. No para publicarlas todas, sino para conocerte mejor. Cuando revisas tus imágenes con el paso del tiempo empiezas a descubrir patrones que se repiten: la luz que te atrae, los gestos que buscas, los encuadres que aparecen una y otra vez. Ahí comienza el verdadero aprendizaje. Seleccionando, observando y reflexionando sobre lo que haces vas depurando tu forma de mirar hasta que, casi sin darte cuenta, empieza a aparecer tu estilo personal.
Gracias por leer. Sigue fotografiando. Sigue practicando. Sigue observando.
Puedes encontrar más artículos y mi diario visual en www.miguelmonforte.com y más contenido sobre fotografía consciente en mi canal de YouTube @miguelmonforte.