No necesitas viajar para hacer fotografías

Hola, gracias por estar aquí, gracias por dedicar unos minutos a leer este blog y a seguir educando tu mirada conmigo.

Hace unos días he estado de viaje y, como suele pasar, la cámara ha salido sola. Cuando viajamos parece que todo se vuelve más fotogénico: las calles, las personas, los edificios, la luz… Todo nos invita a fotografiar.

Pero volviendo a casa me hice una pregunta importante: ¿por qué muchas veces solo sentimos ganas de hacer fotos cuando viajamos?



El problema no es tu ciudad

Creo que muchas veces no encontramos motivación en nuestro día a día porque estamos demasiado pendientes de las fotografías que creemos que deberíamos hacer.

Las fotos perfectas.
Las fotos cliché.
Las fotos que vemos constantemente en YouTube o Instagram.

Y claro, terminamos pensando que necesitamos una gran ciudad, un viaje o un escenario espectacular para hacer “buena fotografía”.

La trampa de la fotografía callejera clásica

Durante mucho tiempo pensé así.

Veía fotógrafos haciendo street photography en ciudades enormes: unos disparando de manera agresiva con flash, otros esperando durante una hora la silueta perfecta delante de una pared con textura y una persona con sombrero atravesando el encuadre.

Y sí, muchas de esas fotografías me siguen pareciendo increíbles.

Pero también entendí algo importante: eso es su método, no necesariamente su verdad.

Tu fotografía no aparece copiando escenas de otros fotógrafos. Tu estilo aparece observando tus propios patrones después de meses caminando, fotografiando y viviendo.

Lo importante eres tú

Cuando entiendes esto, todo cambia.

Te das cuenta de que lo importante no es la ciudad donde estás, sino tu estado emocional, tu curiosidad y tu manera de mirar.

La cámara deja de ser una máquina para conseguir “resultados” y se convierte en una herramienta para prestar atención.

Ya no necesitas esperar el atardecer perfecto, la composición perfecta o el momento decisivo perfecto.

Porque toda esa presión termina generando algo muy peligroso: parálisis por análisis.

Simplificar para volver a disfrutar

Por eso llevo meses trabajando con un enfoque mucho más sencillo.

Salgo a caminar.
Fotografío aquello que me llama la atención.
Sin presión.
Sin grandes expectativas.

A veces hago fotos del trayecto al trabajo. Otras veces del parque, del deporte, de una sombra o simplemente de una esquina que me transmite algo.

Todo eso termina formando parte de mi diario visual.

Fotografía sin fricción

En el libro Fotografía sin fricción explico precisamente esta idea: simplificar para volver a fotografiar de verdad.

Blanco y negro.
JPEG.
Ficheros pequeños.
Sin edición complicada.

Solo fotografiar, seleccionar las imágenes más interesantes y construir poco a poco un archivo personal.

Después, con el tiempo, todo eso puede transformarse en algo físico: un pequeño fotolibro sencillo, barato y honesto.

No como un objeto perfecto, sino como una memoria de tu paso por este lugar.

La luz es lo único imprescindible

Al final, cuanto más simplifico, más claro lo veo.

La fotografía no va de cámaras caras ni de ciudades espectaculares.

Va de observar la luz.

Porque sin luz no existe fotografía.

Y en blanco y negro todo se reduce a eso: luces, sombras y formas.

Gracias por leer. Sigue fotografiando. Sigue practicando. Sigue observando.

📍 www.miguelmonforte.com
📺 YouTube: @miguelmonforte

Entradas populares de este blog

Fotografiar la Semana Santa en mi pueblo

El latido de la tierra: fotografiar lo que ya es parte de ti